sábado, 10 de marzo de 2018

Advertencia

"No digas tu nombre"
Por razones que no puedo detallar ahora, he tenido que permanecer oculto todos estos meses, siempre perseguido, pero hasta ahora no alcanzado (o eso me han hecho creer).

Mi misión sigue en pie, con la misma firmeza que tuve en los inicios de este blog: investigar los secretos de las familias brujeriles de nuestra tierra y tratar de precaver a los incautos. Muchos desconocen que los brujos y las brujas están entre nosotros, escondiéndose tras una máscara de aparente amabilidad, esperando.

Por eso, ¡cuidado! No se atrevan a despertar aquello que no debe ser perturbado. Yo ya fui víctima de ello y, a duras penas, logré zafar de una muerte segura. Y aún hoy creo que si sigo aquí, con esta empresa (y con vida), es porque el brujo del norte me lo ha permitido, porque, de alguna manera que todavía no logro comprender, sigo haciendo su voluntad. 

Su presencia me acompaña a donde quiera que dirija mis pasos... 

Y hoy, aquí en Santiago, mientras observo la ciudad despertar de su letargo, siento su sombra escudriñando desde una prudente distancia. Está aquí. Lo sé. Y mi trabajo ahora es advertir a quienes han osado provocarlo. Porque él está vivo, de eso no hay duda. Está vivo, a pesar de que lo vi morir esa noche de San Juan. 

Está vivo, sediento de venganza, acechando.

lunes, 14 de agosto de 2017

Fugándose del aguacero

Para quienes desconocen el poder de los brujos, estas lluvias torrenciales y vientos huracanados que han afectado a Concepción este último tiempo son más bien consecuencia de la acción humana y de las alteraciones que han acarreado décadas de progreso a costa de la destrucción de la naturaleza. Para los iniciados como yo, los motivos apuntan en otra dirección, mucho más siniestra y amenazadora que el consabido cambio climático. La magia que por siglos había circulado tranquila por las corrientes energéticas de nuestro país ha sido alterada. Y no es cosa de este año. Basta recordar el nefasto 2016 para los chilotes, ¿acaso no hubo magia oscura mezclada con una profunda sed de venganza en aquella marea roja como nunca antes vista? ¿El despertar no se remonta a ese fatídico 8 de diciembre cuando la Nueva Recta Provincia hizo frente a la Orden en el cerro Caracol?  ¿O fue incluso antes, aquella noche cuando la niebla rodeó la casa de la bruja más poderosa de la isla? ¿O acaso...? Silencio. No es el momento. No todavía. La verdad debe permanecer oculta un tiempo más.
En el lanzamiento de Magia Austral.

Pero no es de las lluvias de lo que quiero hablar hoy, sino de mi fugaz visita a Santiago. Escapé del aguacero para encontrarme con una capital cenicienta, prácticamente desalojada, ausente. Atacado por mis propios temores, llegué al lugar donde se realizaría el lanzamiento. Di vueltas un rato y solo entré cuando ya había comenzado. Permanecí al fondo, tratando de que nadie me reconociera, salvo mi colega, que desde abajo me miraba como quien ve a un muerto. Con solo ese gesto me hizo saber que mi transformación no solo había sido espiritual sino también física. Sus ojos llenos de asombro y mezclados con genuino temor, me bastaron para darme cuenta de que mi antiguo yo había desaparecido para siempre.

Cuando me tocó mi turno para la firma del libro, me observó de punta a cabo, como tratando de reconocerme, e inclinó la cabeza con esa comprensión que solo Sergio tiene frente a lo inefable. «Somos nosotros quienes creamos la realidad», me escribe en la dedicatoria. No solo nosotros, quise responderle, pero la oportunidad se nos fue entre peticiones de fotos y abrazos alegres. No era el momento. ¿Cómo contarle de buenas a primeras todo lo que había presenciado en estos meses de cautiverio? ¿Cómo hacerlo si ni siquiera yo me atrevo a mirar lo que late en mi mente a la espera de que abra la puerta?

En el bus de regreso he meditado bastante el asunto. Revelar de a poco los extraños sucesos que me han llevado a esta encrucijada u ocultarme de todos y de mí mismo. La respuesta me viene como un eco de otro tiempo, de uno más diáfano, cuando inicié este blog pensando que los brujos de la Nueva Recta Provincia no me darían alcance. Cuando todavía creía que él no me obligaría a ser parte de sus siniestros planes de venganza. 

Pero supongo que ya es tarde. Nunca hubo ni la más remota posibilidad de una vuelta atrás. Quizás solo necesito tiempo y entereza para contar esos secretos que son tan suyos como míos. Lo haré, aunque no sin cierta pereza. Para no abrumar con tanta oscuridad a aquellos que aún creen en la luz. Para no sucumbir en este intento en el que ya se me ha ido la vida. 

No bien pensé en aquello cuando el aguacero golpeó con fuerza la caja metálica y los vidrios del bus, sorprendiendo al resto de los pasajeros, pero no a mí. Concepción, al igual que yo, se halla bajo su maleficio desde tiempos inmemoriales. Recuerdo haber tomado mi medallita instintivamente y haber comenzado a rezar justo antes de sentir su mirada lancinante. Giré la cabeza hacia la ventana y ahí estaba. De pie, en la berma de la ruta Itata. En el instante preciso en que se cruzaron nuestras miradas, levantó la mano y me saludó. Aunque su silueta desapareció en un parpadeo, su siniestra presencia permaneció flotando como el recuerdo de una pesadilla que se niega a quedarse en el mundo de los sueños al que pertenece. ¿No lo vi ser atacado en la noche de San Juan? La duda se instala y sospecho. La noche se cierne sobre mí y me pide tomar una decisión. ¿Cómo hacerlo con él todavía rondando en esta tierra?

sábado, 5 de agosto de 2017

Recuerdo de una noche lluviosa

Sergio lanzará un nuevo libro y, aunque el miedo me embarga, viajaré a Santiago para acompañarlo. Hemos hablado poco estos meses; un par de llamadas, uno que otro whatsapp. Nada profundo. Nada que pueda delatarme. ¡Pero me conoces tan bien! Sabías que algo me perturbaba e insistías en preguntar, justo antes de colgarme, a pesar de que siempre te contestaba lo mismo: «No puedo decirte». «¿No quieres o no puedes?», me interrogabas. Y la respuesta quedaba flotando entre nosotros como una sombra cuya ausencia es tan palpable como las verdades que decidiste contar en tu libro o como las que me fueron reveladas y que no puedo compartir con nadie, ni siquiera contigo.

¿Recuerdas cuando me contaste, entusiasmado, de tus planes de irte al sur, del cierre de la librería, de lo satisfecho que estabas con Magia Austral? ¿Recuerdas lo que me dijiste?: «En la encrucijada, todos los caminos son una promesa». «Todos no», te dije y tú cambiaste el tema rápido, como sospechando que tan tajante respuesta escondía una verdad dolorosa y profunda. De esas que se callan por temor. De esas que te despiertan a medianoche bañado en tu propio sudor de muerte. De esas que nos recuerdan que la brujería no ha sido desterrada de este mundo.

Silencio.
No puedo contarte más.
No debo.

Prefiero quedarme prendado de la ilustración que escogiste para la portada de tu libro. Me gusta. Sin embargo, mientras la observo, un escalofrío me remece y un recuerdo perdido comienza a tomar forma en mi mente. Una cortina de agua me empapa. No solo a mí, sino también a él que está a mi derecha, esperando el ataque que sabe que vendrá. Un ruido que repta entre la lluvia me pone en alerta. Siento un golpe fuerte, que me expulsa a una distancia prudencial. Desde esa posición veo a su sombra en guardia pero inmóvil, esperando una orden que no llega. Y justo cuando las dos serpientes ancestrales se yerguen frente a él para engullirlo, el agua estalla en mil pedazos y el recuerdo se fuga, dejándome una sensación extraña de maravilla y espanto. Las he visto, Sergio. Las he visto y sé a quién sirven. Su rostro permanece oculto junto a los recuerdos de esa noche, pero el siseo de sus sombras no desaparece. Me hablan a través de la portada de tu libro y prefiero no escucharlas. ¿A ti también te susurran en tus sueños?


domingo, 23 de julio de 2017

Escondido

Redon me interpreta profundamente.
El brujo del norte me ha dejado ir... No, debo ser más preciso: el brujo del norte espera algo de mí y solo por eso me ha dejado ir. Y aunque mi huida se produjo hace un mes, en pleno aguacero de la noche de San Juan, solo hoy me atrevo a escribir. 

Me gustaría decir que sigo fiel a mí mismo, que continuaré con esta quimera de hablar sobre la Nueva Recta Provincia en este blog, que seguiré indagando en los secretos de las familias de brujos más prominentes de nuestro país... Sin embargo, sería faltar a una verdad que me fue revelada en esta servidumbre forzada: "soy insignificante". Un lacayo. Quizás un aprendiz, aunque no de su arte, ciertamente, porque se me escapa...

Un iniciado... sí, esa es la palabra que busco. Iniciado en sus secretos: los suyos, los de su familia y los de su sombra. Ahora también míos. Ahora también nuestros.

Tengo mucho que contar, aunque no sé bien por dónde empezar. Quizás solo pueda aclarar algo menor por ahora. Algo que, de seguro, ya sospechan. Mi tiuque, ese que me seguía a todas partes y que nos jugó una mala broma a Sergio y a mí el año pasado, era él. Perdonen, no estoy siendo del todo preciso. Eran él y su sombra.

Aun ahora mi mente, imposibilitada de darle forma a aquella inmaterialidad eterna, la imagina como una esencia oscura de muerte, capaz de asumir infinitas apariencias y cuyo único deleite es nuestra desesperación.

Si algo me ha sido revelado en este tiempo es esto: no hay escape posible.
Protéjanse... porque estamos a su merced.
Teman... porque solo somos un puñado de ovejas para su altar.



viernes, 11 de noviembre de 2016

Repentino silencio

Estas semanas he optado por mantener un bajo perfil... Incluso me vi en la necesidad de mudarme y cambiar mi número de celular. Solo así he logrado evadir a don Reinaldo Castillo, quien, con insistencia, me ha exigido cumplir con su encargo. Si supiera lo que me pide... ¿Cómo podría yo, un simple mortal, pedirle a un kalku que se revele ante un enemigo? 

Mi desaparición coincide también con otra certeza: un brujo (al menos estoy seguro de que es uno por ahora) me tiene vigilado. Desde que se publicó la novela que me acecha. Y no solo es él: su sombra, como aquella que se dibuja en el bosque de la imagen, también me persigue. No es un invento de mi loca imaginación. Los he visto en el Parque Ecuador. El brujo y su sombra caminando entre la gente que desconoce de su existencia. Con un descaro absoluto, el brujo siempre sonríe cuando me ve, incluso me saluda, y su sombra se materializa solo lo suficiente para que solo yo pueda verla. Me los topé dos veces. Dos. No quise que hubiera una tercera. Preferí mudarme de mi cómodo departamento cercano al parque a otro sector, ojalá, más a resguardo. Hasta ahora no los he vuelto a ver.

Nunca imaginé que podría estar tan expuesto. Sergio me lo había advertido. Que no era lo mismo escribir libros sobre brujos en Chile, como lo hace él, a contar sus secretos más oscuros. «Es un camino peligroso», me escribió en un WhatsApp. ¡Cuánta verdad guarda su advertencia! Estoy ojeado, lo sé, más encima por un brujo poderoso. Y no hay nada que pueda hacer para evitarlo, solo evadir su furia el mayor tiempo posible.

Estas son las razones de mi repentino silencio. Y seguiré ausente por un tiempo. Les debo una nota sobre el cuarto rito, aquel en el que los brujos y las brujas unen su alma a una sombra. Trataré de vencer mis miedos para continuar la escritura de este blog, se los prometo. Pero por ahora, especialmente después de la noche de temblores de la madrugada del 8 de noviembre (que nada bueno auguran), me mantendré más silencioso. Espero con ello evitar visitas o llamadas inoportunas. Del padre de Lorena Castillo, del jefe de la organización de brujos y brujas de Concepción y, en especial, del brujo siniestro que me persigue y que me tiene bajo su poder aunque no quiera reconocerlo.

miércoles, 12 de octubre de 2016

El tercer rito: «Matar al ser más querido»

Ninguna novedad que reportar. He continuado mi vida normal, sin tiuques sospechosos ni llamadas inoportunas ni encomiendas abrumadoras. La vida fluye como si ningún maleficiador anduviera detrás de mis pasos. Una idea feliz, pero poco realista. Andan cerca, estoy seguro, aunque solo a ratos perciba su siniestra presencia.

Por mientras intentaré disfrutar de esta aparente calma. Aprovecharé el momento para retomar un tema inconcluso: los rituales antiguos para convertirse en brujo o bruja. La magia ancestral, que está supuestamente prohibida en estos tiempos, pide una última prueba antes de la realización del pacto con la sombra (que, para muchos, sería un cuarto ritual... discutiré ese aspecto en otra entrada): la muerte del ser más querido.

El bosque oscuro del alma
Este ritual final consiste en «matar a un familiar como muestra de su absoluto desligamiento sentimental hacia la parentela» (Marino y Osorio, 2014: p.72). Para la magia actual, este tipo de acciones es aberrante, sin embargo, un kalku que se considere como tal debe haber realizado los tres ritos de magia antigua para recibir una sombra poderosa que le permita llevar su vida al alero de Wekufe, término mapuche que designa el Mal, «concebido como una fuerza o un poder que actúa en muchos espacios, pero especialmente en la vida de las personas, a quienes enferma y mata» (Montecino, 2015: p.340). 

Cada rito podría interpretarse como un umbral que debe ser cruzado para encontrar la sombra que habita en cada uno de estos brujos y brujas. Una sombra que es distinta a la que los acompaña en sus andanzas. Una sombra propia, que late en sus corazones. Que los convoca a ser lo que son. Que los impulsa a jugar con otros brujos o con seres humanos comunes y corrientes. Una sombra que se sacia solo haciendo el mal.

El primer rito corresponde al enfrentamiento inicial con la propia oscuridad interior. El makuñ es la prueba visible de ello; se acepta la pulsión de muerte que habita en el alma de cada brujo o bruja y se prueba la sangre por primera vez al matar a una chica virgen para obtener su piel y cabello. El segundo rito representa un nuevo momento de aceptación de esa oscuridad latente. El nuevo nombre que se asume bajo el traiguén es un despertar a esta otra vida, donde se abandona la existencia anterior para asumir una nueva marcada por el deseo siempre insatisfecho de muerte. El tercer rito simboliza la asunción definitiva de la verdadera naturaleza del kalku; una vez que ha matado al ser más querido, no hay retorno posible. Solo queda avanzar en un camino tortuoso en el que triunfa solo quien sepa traicionar mejor.

Esa es la vida de estos brujos y brujas. Nunca confiar. Nunca decir la verdad. Nunca sentir compasión. La única fidelidad es a su sombra (mientras le sirva) y a sí mismos. Un hedonismo perverso que les ha permitido prevalecer a pesar del paso del tiempo y de quienes les han intentado dar caza.

Fuentes consultadas:
-Marino, Mauricio y Osorio, Cipriano. Juicio a los brujos de Chiloé. Santiago de Chile: Ediciones Tácitas, 2014.
-Montecino, Sonia. Mitos de Chile. Enciclopedia de seres, apariciones y encantos. Santiago de Chile: Catalonia, 2015.


sábado, 8 de octubre de 2016

Un paquete inesperado

Después de un viaje por trabajo a Los Ángeles (estuve allá desde el miércoles hasta esta mañana), regresé a mi departamento pensando que tendría un fin de semana tranquilo (dentro de lo que se puede esperar para alguien como yo al que siempre le aguardan sucesos inesperados). Sin embargo, una sorpresa me esperaba entre las encomiendas que llegaron a mi domicilio durante mi ausencia. Es usual que reciba paquetes. Por ejemplo, cada cierto tiempo, mi colega y amigo Sergio, o como le gusta que le digan «El señor de los hielos», me envía algún libro sobre brujería que llega, por cosas del azar, a su librería y que considera indispensable para ya mi abultada colección. De hecho, pensé que se trataba de un nuevo libro de su parte, pero al ver el remitente me vino una especie de vértigo del que solo me recuperé al sentarme sobre mi cama y guardar un ceremonioso silencio por unos minutos. Decidido a enfrentar mi destino, abrí con lentitud el envoltorio, midiendo la forma del objeto que contenía, como si se tratara de un artilugio sacado de tiempos remotos y que necesitara de extremo cuidado en su manejo para no ser adulterado. Era un libro. Sí. Un libro. Pero no cualquier libro. Era una copia de Maleficio: el brujo y su sombra, que Loba Ediciones me hizo llegar de manera exclusiva (pues el lanzamiento, lo sé, había sido el jueves 6 de octubre, y todavía no han distribuido el libro en regiones).

Dedicatoria de la autora
Lo primero que noté fue que venía dedicado por la autora, en donde me agradece por la información proporcionada. Seguramente ella no imaginó cuán perturbadoras me parecieron esas simples líneas que sé escribió con otra intención. Hasta este momento había visto mi colaboración como algo privado, confesiones reservadas entre la autora, la editora y yo. Con la publicación del texto, todo se ha hecho público. Si bien sabía que sería así (ambas me preguntaron si podían colocar este blog en las páginas finales, algo que acepté a regañadientes), siento que recién ahora me doy cuenta del lío en el que me metí. Los brujos y las brujas de la organización de Concepción, sin duda, sabrán que soy yo quien está detrás de tal sobrenombre. ¿Qué me harán? ¿Dejarán que siga haciéndoles encargos? ¿Me matarán? ¿O será que revelar parte de sus secretos forma parte de un plan que desconozco? Me vuelve la angustia frente a estas dudas que me acompañan desde hace cuatro años, cuando empecé a frecuentarlos, a realizar sus siniestras peticiones, a presenciar algunas de sus brujeriles acciones. 

No sin cierta curiosidad, leí la novela. Me atrapó de inmediato. Reconocí a los personajes (que para mí no son ficticios sino demasiado reales), reviví ciertos acontecimientos, descubrí los giros de la trama propios de la creación literaria (pues no todo es tal cual sale en el libro, obviamente). Literalmente, me devoré la novela. Hace muy poco terminé. Llevo una media hora sentado en mi cama en silencio, ponderando las consecuencias de mis actos (así lo dice un personaje... Qué terribles me parecieron sus palabras cuando las leí, porque sentí que, a través de ellas, me hablaba a mí también). ¿Qué pasará conmigo de ahora en adelante? Ya no es solo este blog, es también esta novela, el encargo de don Reinaldo Castillo (que todavía no puedo concretar, por temor, sin duda), el tiuque que me persigue (que volvió a seguir mis pasos en Los Ángeles, con lo que corroboré que no estaba muerto como, ilusamente, quise creer), el brujo que siempre me llama cuya voz me encanta y perturba al mismo tiempo, el jefe de esta Nueva Recta Provincia cuya ira caerá, con toda seguridad, sobre mí cuando se entere de todo esto. 

Portada de la novela
No hay salida posible. Mi vida está unida a la de estos brujos y brujas hasta que decidan escribir la última página de mi existencia. En sus manos está mi futuro.

No medí las consecuencias de mis actos... No pensé más allá de mis ganas de mostrar al mundo parte de mi investigación. De que se conociera que poseo la única copia de los Escritos de Salamanca. De que mantengo la memoria de todo aquello que han borrado de las mentes de los incautos, de los periódicos, de los canales de televisión, de documentos oficiales, de registros particulares...

Maliciosa vanidad que me llevará, con toda seguridad, a una muerte temprana y cruel. ¿Qué tipo de maleficio caerá sobre mí? ¡Ay, Sergio! Me lo advertiste. Ahora lo único que me queda es esperar.

martes, 4 de octubre de 2016

Primer encuentro

San Cipriano, protector
contra maleficios
«Virtuosísimo San Cipriano, 
te pido que me libres de los ataques constantes
de los malos enemigos, visibles o invisibles,
líbrame de todo daño y mal
que ellos me quieran causar,
desármalos, aléjalos, destiérralos de mi lado,
haz que no se ensañen conmigo.

Sálvame de muerte repentina,
de tempestades, rayos, incendios,
de cualquier desgracia o catástrofe».

A dos días del lanzamiento del libro Maleficio: el brujo y su sombra con cuya autora colaboré entregando cierta información sobre brujos y brujas de la Nueva Recta Provincia, estoy francamente angustiado. A ratos me arrepiento de haber aceptado semejante colaboración, pero ya no hay vuelta atrás. Mi seguridad, en todo caso, está perdida desde antes, cuando empecé a tener un vínculo más cercano con algunos integrantes de la organización brujeril que, desde el 2008, se instaló en Concepción. 

Aun recuerdo el primer encuentro que tuve con uno de ellos (el más enigmático, sin duda). Como es mi costumbre desde mi época universitaria, voy regularmente a la peluquería de don Albino Concha, cuyo local se encuentra en el Foro de la Universidad de Concepción. Justamente, hace cuatro años, después de mi tradicional sesión, me tropecé con un joven de edad indefinida que parecía estar "esperando a alguien". Nunca imaginé que fuera a mí. En cuanto me vio, salió a mi encuentro, decidido. Pensé que chocaríamos, pero no fue así. Me pasó por el costado izquierdo, casi rozando mi parka, y se inclinó sutilmente hacia mi oído. Tenía un porte, una confianza en sí mismo, que no concordaba con su apariencia de estudiante. De reojo percibí su sonrisa. Era inexpresiva y seductora a la vez. Pero fue su voz lo que me puso los pelos de punta. Eso y su inusitada pregunta: «¿Quieres jugar con nosotros?».

Apenas lo escuché, me giré con la intención de grabar más detalles de su persona, pero se había esfumado. Solo quedó a su paso una presencia. Una oscuridad ancestral que se permaneció conmigo un tiempo que me pareció eterno, danzando a mi alrededor, con regocijo. El pánico de apoderó de mí con rapidez. Casi no podía respirar. Por instinto, sujeté con fuerza mi medallita de San Cipriano y recé en voz alta un contra conjuro sin importar la mirada de quienes me observaban con curiosidad. «Un brujo», pensé mientras mi respiración seguía agitada. «Un brujo junto a su sombra», murmuré sin darme cuenta. Entonces casi desfallecí, porque una voz perturbadora susurró a mi oído la más terrible de las maldiciones: «Eres nuestro... Ahora y para siempre». El remolino de oscuridad se desvaneció y la vida siguió como antes. Todo pareció volver a la normalidad, menos mi alma que, desde entonces, habita en páramos siniestros, a medio camino entre la vida y la muerte.

viernes, 30 de septiembre de 2016

El segundo rito: «Darse un nuevo nombre bajo un traiguén»

Cascada o Traiguén
El encargo de don Reinaldo Castillo me perturba. Desde el jueves 22 de septiembre que ando perseguido y si bien no he visualizado a mi tiuque (¿lo habrá alcanzado el disparo después de todo?), no he dejado de sentirme bajo la mirada atenta, casi inquisidora y asesina incluso, de Otro. Un Otro sin rostro, que se oculta siempre tras la máscara de lo cotidiano, pero que, estoy convencido, está esperando algún extraordinario suceso para dejarse ver. Lo estoy esperando, no sin cierto pavor por lo que me aguarda... Como ya saben, tratar con brujos y brujas es peligroso, casi suicida dirían algunos, pero yo trato de mantener la entereza a pesar de saberme vigilado. Muy de cerca, quizás. Más cerca de lo que imaginaba hasta una semana atrás.

Por mientras, trato de despejarme escribiendo estas líneas. Me ayudan a no pensar en el brujo (¿o es más de uno?) que me acosa. 

Como recordarán, a propósito de la participación de mi amigo Sergio Fritz en el programa "Chile Misterioso"*, comencé a contarles sobre los ritos de magia antigua para iniciarse en la brujería. Ya les hablé de la elaboración del makuñ. Ahora es el turno del segundo rito, conocido como «borrar o raspar el bautismo», que consiste en la purificación (o antipurificación, si se prefiere) bajo un traiguén cordillerano con el objeto de darse un nuevo nombre y así «extirparse el bautismo cristiano recibiendo agua sobre la cabeza desde una cascada, durante cuarenta días» (Marino y Osorio, 2014: p.71). También aparecen referencias a este ritual en el texto de Sergio La Recta Provincia, en el Diccionario de la brujería en Chiloé de Manuel Romo Sánchez y en el libro Mitos de Chile de Sonia Montecino. 

Lo que me llama la atención de este «quitarse el nombre antiguo y darse uno nuevo» es la necesidad imperiosa de hacerlo. Podría pensarse que es una prueba de fortaleza tanto física como mental (estar cuarenta días bajo un salto de agua puede ser una experiencia abrumadora para cuerpos y mentes débiles), sin embargo, tengo otra teoría. Siguiendo la primera regla «No digas tu nombre», quizás brujos y brujas deban tener más de un nombre para mantenerse a resguardo de otros maleficiadores. Quizás sea cierto lo dicho en la novela Maleficio: el brujo y su sombra acerca de este tema: que se trata de, al menos, tres nombres. El primero otorgado por la madre para usarlo a diario; el segundo puesto por sí mismos bajo la cascada para protegerse de otros brujos y brujas; el tercero dado por la sombra (de la que hablaremos en otra ocasión) para cerrar el pacto entre ambos. 

Sea como sea, el tema de los nombres es importante para ellos y para quienes, como yo, estamos a su merced. Ustedes ya lo saben. A rezar a San Cipriano no más que, por mientras, es nuestra única protección.

Fuentes consultadas:
-Fritz Roa, Sergio. La Recta Provincia. Una cofradía de brujos en el sur de Chile. Segunda edición corregida y ampliada. Santiago de Chile: Editorial Bajo los Hielos, 2016.
-Marino, Mauricio y Osorio, Cipriano. Juicio a los brujos de Chiloé. Santiago de Chile: Ediciones Tácitas, 2014.
-Montecino, Sonia. Mitos de Chile. Enciclopedia de seres, apariciones y encantos. Santiago de Chile: Catalonia, 2015.
-Romo Sánchez, Manuel. Diccionario de la brujería en Chiloé. 
http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0033461.pdf 

*Aquí dejo el link para escuchar el programa sobre la Recta Provincia en el que participó mi colega Sergio.
http://radio.uchile.cl/programas/chile-misterioso/386216/ 

domingo, 25 de septiembre de 2016

El encargo

He estado desaparecido una semana porque fui contactado por mis «amigos» brujos. Recibí la llamada el lunes 19 de septiembre. La misma voz de siempre. La misma petición. «Necesitamos de tus servicios». Eso fue todo. Los «servicios» incluían, como de costumbre, escribir algunos artículos para desviar la atención de los ciudadanos penquistas acerca de un homicidio en particular: la chica muerta en Chiguayante, hecho que comenté justamente en una entrada anterior. Al igual que en ocasiones anteriores, las fotografías tomadas en la escena del hallazgo del cuerpo así como los documentos policiales desaparecieron misteriosamente. Lo más notable fue que incluso quienes estuvieron a cargo de la investigación la semana previa a Fiestas Patrias han olvidado el hecho. No me extraña. Conozco la habilidad de estos maleficiadores para embolinar mentes y engatusar a los incautos que dicen sus nombres sin pensar que, gracias a ello, pueden ser controlados.

Iglesia Aldo, Chiguayante.
La novedad de la semana fue otra. Mientras estaba en estas labores fui contactado por la persona más insospechada: don Reinaldo Castillo (el padre de Lorena Castillo, la chica encontrada muerta en el Santuario del cerro La Virgen en diciembre del año pasado y de quien nadie —excepto yo y su padre— se acuerda). Me pidió una reunión secreta, para lo cual me citó en Chiguayante el jueves 22 de septiembre a las 11:00 horas, en las cercanías de una iglesia alejada del bullicio y prácticamente aislada.

Accedí más que nada por curiosidad. Me fui en locomoción colectiva para no despertar sospechas. Me junté con él en Walter Schaub con Los Avellanos. En silencio caminamos hacia la iglesia y nos perdimos en el bosque aledaño. Solo allí, en la soledad de la naturaleza, se atrevió a hablarme. Fue breve. Supongo que sospechó que conmigo no era necesario una larga explicación. Si ya había llegado a mí era porque conocía de mi relación con la Nueva Recta Provincia. «Usted sabe lo que voy a pedirle», me dijo. Asentí. «Solo un encargo», acentuó levantando sus espesas cejas sobre el marco de sus lentes oscuros. Permanecí en un silencio respetuoso, esperándolo. «Quiero reunirme con el brujo que mató a mi hija». Justo cuando iba a responderle que eso sería imposible, porque, claramente, no tenía idea de que no tenía injerencia alguna en la organización, ambos levantamos la vista y nos quedamos prendados en un tiuque que nos observaba, ominoso, desde un árbol cercano. Intempestivamente, el teniente en retiro de carabineros sacó su arma y disparó, sin mediar ninguna advertencia, contra el extraño pájaro, que alcanzó, por milímetros, a esquivar el disparo. Después de ello, se lo tragó el bosque y no volvimos a verlo.

No es mi tiuque. Me ha sido
imposible fotografiarlo.
«Saben de nuestro encuentro», me dijo con una entereza que me sorprendió. «Ahora estará obligado a hacer lo que le pedí», sentenció. Intenté persuadirlo. Que echara pie atrás. Que todavía estaba a tiempo. Pero nada de lo que le dije tuvo eco en su mente. Estaba decidido. Lo estaba incluso desde antes de nuestra reunión... Probablemente desde esa mañana en que lo llamaron para informarle del asesinato de su hija. O quizás tres días después, cuando todo vestigio de su muerte desapareció, incluso entre sus colegas de armas. Ahí debió haber sospechado que algo fuera de toda lógica había pasado.

¿Cómo llegó a mí? No sé. Creo que he dejado demasiados rastros, lo que me hace temer que, al menos uno de los brujos, ese a quien vi hacer sombras de lagartijas alguna vez, me conoce. Sabe mi nombre. Está al tanto de este blog. Y solo está a la espera de algún acontecimiento. Algo que desconozco, pero de lo que, ahora estoy seguro, soy parte.